Hoy, es uno de esos días que recuerdo el diagnóstico. Es como si la viera diciéndome "Te lo dije, está ahí. Se tarda al menos un año en salir sin ayuda, y unos cuatro sin ella". Yo elegí la segunda opción, y ahora merezco cada cierto tiempo una dosis de tristeza injustificada. Me encontraba yo muy ocupada compadeciéndome por mi mala suerte, recriminando a la madre naturaleza una serie de infortunios que hoy escupo alegremente al aire, y quizá eso ocasione que algún día me caigan encima. Regodeándome entre todo esto, una cadena de casualidades me llevó a conocer hoy a un tipo curioso. Se trata de un actor y dibujante bastante talentoso con incursiones en varias películas y series actuales. Sin embargo, yo, que miro mucho pero en realidad veo poco; lo he conocido hoy. Ha sabido explotar las imperfecciones de su ser para convertirlas en su más preciado tesoro, ya que ahora son su gran potencial, y de alguna manera ha conseguido vencer obstáculos y reconciliarse consigo mismo. Oírle hablar es genial, porque relata con la naturalidad del que te cuenta el tiempo que hace, pero en palabras tan sencillas se esconden duros retos y tremendas vivencias de las que habla sin tapujos. Él es la prueba de que los sueños pueden cumplirse, y sobre todo, de que encerrarse en uno mismo lamentándose de su mala suerte es el principio del fin. Y aunque todo le haga ver a uno que no hay nada que hacer, la guerra sólo estará perdida en el momento que uno mismo decide tirar la toalla. Por eso, este tipo de historias no pueden más que hacerme sentir imbécil una vez más. Y deberían ser para todos (en este caso, para mi) un aliciente para exprimir nuestra existencia y no dejar de buscar nuestras genialidades. Todos somos capaces de hacer cosas excepcionales, el caso es encontrar el hilo del que tirar. Estoy convencida de ello, o al menos quiero estarlo, porque de otra manera no consigo justificar mi existencia. Y cuando esto ocurre, me meto en una extraña espiral vertiginosa en la que a veces me pierdo.
Un día escuché que hubo un escritor que creó sus mejores obras en momentos depresivos y desgraciados. En los momentos felices, fue feliz, pero sus habilidades se mantuvieron estáticas. Él mismo lo reconoció: "En las peores épocas de mi vida, me creé a mi mismo y aprendí todo lo que sé. Conseguí crear cosas que pude ofrecer a la humanidad. En los momentos felices, no aprendí nada". Entonces, seguiré aprendiendo.
*El protagonista de mi entrada es Javier Botet. Merece la pena escuchar su historia, especialmente en este reportaje: http://blogs.20minutos.es/ezcultura/post/2007/11/07/los-sueaaos-son-cumplirlos-javier-botet-se-va-hollywood
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